Cómo usamos la IA

La inteligencia artificial es una herramienta, no un reemplazo del criterio editorial. En Periodismo Chileno la usamos para acelerar tareas repetitivas y estructurar contenido nuevo, pero nunca para inventar hechos, reescribir artículos históricos o simular entrevistas que no ocurrieron.

El archivo antiguo del sitio permanece intacto. Los textos publicados antes de la adopción de herramientas de IA conservan su redacción original, limpia solo de elementos de navegación, publicidad o código obsoleto. No pasamos esos artículos por modelos de lenguaje para «mejorarlos» o modernizarlos. Lo que se escribió entonces, se mantiene.

La IA entra en juego cuando redactamos guías nuevas de tipo evergreen: explicaciones de trámites, resúmenes de leyes, calendarios de beneficios, tutoriales paso a paso. En esos casos, un borrador generado por IA sirve como punto de partida. Luego, un editor humano revisa, corrige, verifica datos, ajusta el tono y elimina cualquier invención o vaguedad.

Nunca usamos IA para fabricar citas, estadísticas, nombres de expertos o resultados de estudios. Si un modelo sugiere «según analistas» o «expertos señalan», esa frase se borra o se reescribe con una fuente real y verificable. Preferimos una afirmación general sin autoridad falsa que una cita inventada.

La estructura del sitio, la organización de secciones y la generación de metadatos también se apoyan en IA. Esas tareas técnicas no implican riesgo editorial: nadie inventa un hecho porque un algoritmo sugirió una etiqueta o un título alternativo. El humano siempre tiene la última palabra.

Los modelos de lenguaje tienden a repetir fórmulas, usar palabras rimbombantes y crear un tono artificial. Por eso, cada texto pasa por una revisión de estilo que elimina muletillas, suaviza la grandilocuencia y ajusta el ritmo. El objetivo es que el artículo suene natural, como si lo hubiera escrito una persona que conoce el tema y respeta al lector.

No ocultamos el uso de IA. Esta página existe precisamente para explicar cómo y cuándo la empleamos. La transparencia no es opcional; es parte del método. Si un lector quiere saber si un artículo fue redactado con ayuda de IA, puede asumir que las guías nuevas sí, y que los textos históricos no.

La IA no toma decisiones editoriales. No elige qué temas cubrir, qué enfoque dar, qué fuentes citar o qué tono usar. Esas decisiones las toma el equipo humano, con base en la línea editorial del sitio y las necesidades del público. La máquina asiste; no dirige.

El riesgo principal del uso de IA en periodismo es la fabricación involuntaria. Un modelo puede «alucinar» un dato, inventar un nombre o mezclar información de contextos distintos. Por eso, cada afirmación fáctica en un artículo nuevo se verifica contra fuentes oficiales antes de publicar. Si no podemos confirmar un dato, no lo incluimos.

La tecnología cambia rápido, y nuestro uso de IA también evolucionará. Lo que no cambia es el compromiso con la precisión, la claridad y la honestidad. La herramienta es nueva; los principios, no.